Una de las cosas que más hacemos es hablarnos fatal a nosotros mismos:
- Soy idiota
- Otra vez la he liado
- Es que soy un desastre
Esas frases odiosas y dolorosas que usamos para referirnos a nosotros mismos y a nuestras acciones y que sin que nos demos cuenta van minando nuestra propia imagen y autoestima. Porque no somos idiotas, ni unos desastres ni liamos nada que no pueda arreglarse. Pero nos lo decimos y nuestro cerebro, que no tiene sentido del humor ni sabe de ironías, nos cree.
Piensa que cuando te hablas a ti mismo deberías hablarte con el mismo amor que hablas a tu hijo, tus padres, tu pareja y/o tu mejor amigo. Con amor, compasión y orgullo. Que todo lo que te digas a ti mismo estás convirtiéndolo en una realidad y que si te llamas «tonto» tu cerebro se comportará como un tonto. Y si te dices que estás orgulloso de ti y tus logros, tu cerebro hará más de por volver a lograr ese reconocimiento. El cerebro, como todo nuestro cuerpo, funciona a base de mensajes hormonales y las palabras bonitas generan sentimientos de felicidad y hormonas acordes, y que las palabras feas generan sentimientos de frustración, dolor y estrés que liberarán hormonas que nos hagan huir de esa situación incómoda.
Además, nuestro cerebro es primitivo en su función de supervivencia: no diferencia el estrés de un tigre dientes de sable al estrés de decirte que eres tonto y no sabes hacer nada…conclusión: genera las mismas hormonas del estrés que nos hacen dar respuesta ante un peligro. Pero este «peligro» no acaba, porque de manera constante nos hablamos fatal, lo que acabará generando una cronicidad del estrés y un comienzo de ansiedad, que podría dar lugar a un trastorno.
Por tanto, vamos a querernos bien amiguis. Y vamos a hablarnos bonito. Y si cometemos un error nos diremos: me ha salido mal….no diremos: lo he hecho mal. Y volveremos a intentarlo.
Y si necesitas ayuda con estos cambios recuerda que estoy para ayudarte. Contáctame y comenzamos Feliz vida!!


Deja un comentario