Solo un billete de ida…al agradecimiento

Hay gente que no saber ser agradecida ni aunque se lo digas y le des con un martillo pilón en la cabeza como los dibujos animados.

He oído a gente decir, con envidia, que en los países subdesarrollados, donde se mueren de hambre, enfermedades erradicadas en el primer mundo o guerras tribales, que no se pueden quejar porque son mucho más felices que ellos, que como no necesitan nada con tener para comer ese día ya son felices. Que en el primer mundo es mucho más difícil ser feliz porque se nos exigen muchas más cosas para serlo.

A ver, vamos a dejar una cosa clara: eso es una falacia.

La cuestión es que en el primer mundo hemos perdido de vista agradecer lo que tenemos y vivir en el presente. Estamos tan ocupados y ofuscados en tener más y más y que nuestro futuro sea más y más brillante. El mundo consumista en el que vivimos nos vende que para ser felices tenemos que tener una casa mejor, un coche mejor, un ordenador mejor, un móvil mejor. Y con la obsolescencia programada todo esto, que son aparatos con vida útil, en menos de 2 años se quedan obsoletos y ya hay casas más grandes con domótica, coches eléctricos que no contaminan, ordenadores con función tablet y móviles con cámaras.

Uno de los principios del mindfulness, para mi el principal, y que además es el secreto de la felicidad es ser agradecido. Cada día debemos agradecer, al menos 3 cosas. Puedes ser cosas que te hayan pasado, personas, mascotas, acciones, situaciones, objetos, etc. Hay que agradecer por todo. Y lo primero que agradezco cada día es estar sana, tener un cuerpo que me acompaña y un cerebro sano que me ayuda a hacer todo lo que quiero. Agradezco a mi familia, aunque a veces me lo pongan difícil. Agradezco a mis amigos, por tenernos unos a otros, apoyarnos y querernos, saber que estamos los unos para los otros. Agradezco a mis perras, porque me hacen inmensamente feliz cada día, con su amor puro y completamente desinteresado. Agradezco mi trabajo de administrativa porque me da de comer y me reta cada día a tener paciencia, resolver problemas y aprender nuevas cuestiones. Agradezco mi trabajo como coach, porque me ayuda a ayudar a otras personas lo que hace que se me llene el corazón y el alma de un agradecimiento profundo al universo. Y agradezco, enormemente, vivir mi vida.

Por supuesto tengo muchísimas más cosas que agradecer: el café tan rico que me estoy tomando mientras escribo esta entrada, la serie que tengo de fondo y que me hace reír, la entrada en una nueva universidad con la que tengo grandes expectativas y muchísima ilusión, la comida que comeré luego y que nutre mi cuerpo y me da placer con su sabor, los ejercicios que haré esta tarde y que me hacen ponerme más fuerte y en forma, que me hacen sudar y me hacen sentir tan bien, los mensajes de Instagram y Facebook de las personas que están en mis redes y que se molestan en leer mis post y reels, agradezco que hoy no llueve pero si llueve, agradeceré la lluvia que el campo necesita.

En definitiva, agradecer a la vida estar viva es el secreto de la felicidad. Agradecer las pequeñas cosas y las grandes, cada día. Ser conscientes de lo afortunados que somos y que se nos olvida en la vorágine en la que vivimos y la exigencia de nuestra sociedad.

Como siempre, me gusta terminar mis reflexiones dándote la oportunidad de charlar conmigo de manera gratuita y poder ayudarte, si así lo necesitas.

Feliz vida!!

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