Solo un billete de ida…a un cambio de vida

He estado casi toda mi vida pensando que el karma tenía algo contra mí: hiciese lo que hiciese se repetía siempre la misma historia en mi vida. ¿Os ha pasado esa sensación?

Cuando comencé mi viaje de desarrollo personal de manera más seria, porque ya lo había intentado antes pero no terminaba de centrarme y fructificar, me di cuenta de que antes no había estado preparada para un verdadero cambio, y por eso mis errores y sus consecuencias se repetían una y otra vez. Y es que eso es el karma, no es venganza, no es justicia, es aprendizaje y sabiduría y aceptación. Mientras no aprendas lo que debes aprender, repetirás una y otra vez el tropiezo con la misma piedra por el camino.

Por ello he cambiado mi identidad. Conservo mis valores porque son los que dan sentido a la vida. Pero la identidad que me hacía ser antes, ya no está. Sigo trabajando en ella, no creáis que es rápido porque cada día aprendo muchas cosas nuevas. Las personas que me conocen me ven distinta, me ven feliz, bien, mejor, etc. Yo me siento muy distinta a como era antes. Soy igual, soy la misma pero a la vez soy otra persona que nada tiene que ver la persona que era cuando empecé este nuevo camino.

Pero sí, me hice responsable de mi felicidad: no necesito tener pareja, ni un trabajo bien pagado, ni hijos, ni amigos siquiera, en los que basar mi felicidad. La felicidad, como ya dije en otra entrada del blog, está en la actitud. Y mi actitud ahora es lo que ha cambiado. Veo aprendizaje, posibilidades y crecimiento en todo. En lo bueno es evidente que está y que es lo que todos buscamos, el bienestar. Pero también en las cosas menos buenas o incluso malas que me pasan o que veo. Porque de esas situaciones hay que aprender también y además, el ser humano, tiende a aprender más de la adversidad que del bienestar.

Acepto las situaciones, las miro con «ojos de aprendiz», viendo las posibilidades y sobre todo con mucha compasión. Todos tenemos un viaje interior y a algunas personas les cuesta la vida entenderlo, literalmente.

Y esa compasión la he aplicado a mi misma, primero y ante todo. Tendemos a mirarnos con ojos muy duros a nosotros mismos, juzgando con una gravedad absoluta y haciéndonos culpables de cada paso. Ten por seguro, que en cada ocasión has hecho lo que mejor has creído con lo que sabías en ese momento. y que los «y si» o los «si entonces supiera lo que sé ahora» solo nos lleva a padecer un sufrimiento que, no solo es perjudicial para nuestro amor propio y nuestra autoestima, sino que además no tiene ningún aprendizaje que aportarnos, nada más que dolor.

Por tanto, hazte responsable, ámate, cuídate y mírate con compasión. Mira la vida con los ojos claros, el corazón rebosante de amor y las manos abiertas para todo aquello que deba llegar. Disfruta, ríe, llora y ama. Grita si lo necesitas pero aprende de lo que te ocurra. Y vuelve al camino de la compasión cada vez.

Y si no encuentras el camino o necesitas un apoyo para volver a él, ya sabes que estoy aquí para ayudarte, porque he pasado por lo mismo que tú puedo entenderte. Desea lo mejor para ti misma y yo te ayudaré a lograrlo.

¡Contáctame y comenzamos!

Deja un comentario

Descubre más desde SOLO UN BILLETE DE IDA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo