Hoy, 31 de agosto, acabo de ver mi primer anuncio de los coleccionables, aquellos que empiezan siempre en septiembre, y que cuando vas por el fascículo 3 o 4 comienzan a dejar de enviarlos a las papelerías (y lo sé por que yo una vez realicé una colección de aprender a hacer punto de cruz). La cuestión es que estos coleccionables los sacan para el «nuevo curso» de septiembre y cuando los veo siempre me ha dado la sensación de que se han acabado las vacaciones de verano…
Nuevo curso, nuevo septiembre, nuevos objetivos o revisión de los anuales a estas alturas del año. ¿Sois de comenzar agenda (y vida por ende) en septiembre o en enero?. A mi me cuesta quitarme el comienzo de año enero porque siempre ha parecido que era la «fecha oficial». Pero reconozco que para mi el año nuevo comienza en septiembre y solo tolero en enero hacer repaso realista de objetivos (y que para Hacienda es el comienzo del año fiscal me ponga yo como me ponga).
Septiembre es renovación, luz amarilla e indirecta, visión, objetivos, ilusiones…Septiembre es naranja y canela. Septiembre es calor y mañanas fresquitas, mantita fina alguna noche y todavía usar tirantes a días. Septiembre son ganas de comenzar de nuevo, es amor, cambio de piel, de pelo, de vista y de oído. Septiembre es vida… y también es muerte de antiguas cosas, costumbres, vicios, dolores y penas. Septiembre es dejar atrás y mirar hacia delante. Septiembre, para mi, siempre es comienzo.
Septiembre son nuevos proyectos y yo sigo enamorada de este, mi proyecto de vida, mi Ikigai, que me nutre y alimenta el alma cuando ayudo a otras personas a ser su mejor yo, a conseguir objetivos, a salir de los bucles mentales, a clarificar su vida y sus metas. En definitiva, a conseguir, por fin, la vida que quieren tener.
Si tú también quieres que te ayude o necesitas más información, contáctame sin compromiso. También puedes solicitar una cita inicial gratuita.


Deja un comentario