Llevo días hablando con mucha gente y todos decimos lo mismo: ¿qué narices le pasa ahora a la gente que no tienen paciencia ni empatía? Parece que los únicos que trabajan, los únicos que tiene problemas, los únicos que merecen tener todo al momento son ellos y que los demás tenemos que estar a su expectativa y deseos. Esto se traduce en unas exigencias, soberbias, mala educación y malestar generalizado que se va pegando de unos a otros…»si a mí me han hablado mal y me he tenido que callar porque era mi cliente, yo cuando vaya al super o al bar hablaré mal a la persona que me atienda y se tendrá que aguantar como me he aguantado yo» pensamos… Y así, ojo por ojo, cada día hay más gente hablando mal y amargados, cansados y frustrados y el mundo es un poquito peor…
Pues he venido yo a deciros que he encontrado el por qué está ocurriendo esto.
LA GENTE NO ESTAMOS PARÁNDONOS A RESPIRAR.
Y es que vamos corriendo a todos los lados, sin parar, pensando que al salir del trabajo tenemos que recoger a los niños, llevarlos al fútbol, recoger del tinte la ropa, comprarle a mi madre una crema que ya está mayor y no puede sola, recordar si tenemos en la nevera comida suficiente para la cena y sino pasar por el super, no solo a comprar sino pensar el menú claro. Además mientras vamos de un sitio a otro un tipo se nos cruza con el coche que nos hace pegar un frenazo y eso nos asusta y cabrea, así que le insultamos un rato y nos pegamos 15 minutos renegando de lo mal que conducen y lo que la gente va a su bola y no se preocupa de nada. Llegamos al súper y aparcamos, cuando nos pita otro coche porque resulta que iba a aparcar y como estamos pensando en lo que tenemos que comprar para cenar ni nos habíamos dado cuenta. Le pedimos disculpas, con la boca pequeña, por el retrovisor y vemos que el otro conductor se aleja dando un acelerón y acordándose de nuestros ancestros, pero claro, nos sienta fatal que nos insulte ya que no lo hemos hecho adrede y tenemos también mucha prisa. Entrando al súper ya hemos olvidado esto porque intentamos recordar qué menú acabábamos de pensar para la cena y ya de paso recordar si mañana los niños tienen que llevar al cole fruta o bocadillo para almorzar (ahora los coles dictan los almuerzos, cosas de la modernidad). En la cola de la caja para pagar vemos que hay una señora muy mayor, sabemos que nos va a retrasar, no se aclara, y nos preguntamos por qué esa señora no se queda en su casa, como nuestra madre, a la que le vamos a llevar la crema que le hemos comprado, para que no tenga que ir al super. Nos está retrasando mucho…
¿Te suena algo de esto? Vivimos en modo automático, no respiramos, solo vamos de un sitio para otro, pensando en 1000 cosas a la vez, no vemos, no oimos, no pensamos…NO RESPIRAMOS.
Ahora estás leyendo este blog, para y respira. Hazlo ahora. Cierra los ojos y toma 3 inspiraciones profundas y tranquilas, notando como el aire entra por la nariz y llena tus pulmones. Inspira despacio y repite, 3 veces. Y ahora vuelve a la lectura… ¿sientes que estás un poco más centrado ahora?.
Se nos olvida que respirar es esencial para vivir. Pero como es un acto reflejo, no nos damos cuenta de que respiramos mal e incluso que no respiramos de manera consciente. El mindfulness, el yoga y la meditación te enseñan a respirar, a ser consciente, a enfocarte. Y la neurociencia nos confirma que estas enseñanzas son reales y causan cambios a nivel físico, fisiológico y corporal. Además de cambios en nuestra mente. Esto es real, debemos APRENDER A RESPIRAR.
Si cuando un cliente te habla mal parases un momento a respirar, quizá podrías pensar que igual tiene un mal día, le han dado una mala noticia o ha dormido mal porque su bebé ha estado toda la noche llorando. Y tú has estado en esa situación, sabes que no lo haces adrede, pero el mal humor se ha instalado y has hablado mal a otras personas cuando te pasó. Así que respiras y, pese a las malas palabras del otro le hablas con agrado y compasión. Y ahí se produce el «pequeño milagro». Porque de repente, la otra persona que estaba fatal, se da cuenta de que te estaba hablando mal y cambia el tono. Y ahora sonreís los dos. Y respiráis. Y el resto de acontecimientos que tendréis que sortear ese día ya no serán tan duros porque una persona, hace un rato, te trató con amabilidad y compasión y eso te hizo sonreir.
La ley del caos dice que el batir de las alas de una mariposa puede desencadenar un tsunami en el lado contrario del planeta. Quizá podamos aplicarlo de manera positiva y pensar que una sonrisa a tiempo, respirar acorde con otra persona, pueda desencadenar una cadena de acciones positivas en el otro lado del mundo también.
Así que para, respira, enfócate en el ahora. Y si quieres saber más o deseas aprender minduflness, recuerda que estoy para ayudarte, puedes contactarme aquí de manera gratuita.
Feliz vida!!


Deja un comentario