Solo un billete de ida … a las etiquetas

Todo el mundo tenemos un juicio y una opinión de todo y de todos. Usamos etiquetas para todo. Somos, amigos, hermanos, primos, novios, tenemos una relación abierta, tenemos mucho genio o somos unos calzonazos. Es inherente al ser humano poner etiquetas a las cosas. Si no fuese así, no habría nacido el lenguaje, que no es más que nombrar las cosas y etiquetarlas, para que pertenezcan a x grupo.

El problema viene cuando las etiquetas no son lo que queremos, sentimos o creemos merecer. Os pongo un ejemplo: hace unos años tuve que hacer un trabajo para la universidad y varios conocidos debían definirme en una serie de rangos, cuánto estaba más hacia un lado u otro de unas descripciones que otras. Os digo que me resultó curioso que su percepción no coincidía con la que yo tengo de mi misma. No había una gran diferencia pero no era como yo pensaba que me veían ni cómo quería expresarme hacia los demás. ¿Esto significa que no me conocen?. Pues tampoco es eso porque como dice la cita: «entre lo que digo, lo que creo que digo, lo que entiendes y lo que crees que entiendes hay mucha diferencia».

Los seres humanos tenemos los mismos sentimientos pero a la vez sentimos diferente. Por lo que cuando yo digo X cosa, mi interlocutor representará eso con respecto a sus vivencias, educación personalidad y aprendizaje y no conforme a lo que yo he querido decir. Bien es cierto que solemos rodearnos de personas acordes a nosotros y nuestros valores, por lo que no suelen diferir mucho las interpretaciones que yo doy con las que reciben, pero si hay ciertas diferencias. Y por eso, necesitamos etiquetarlo todo: bueno, malo, regular, me gusta, me hiere, me aterra o me hace feliz.

Cuidemos las etiquetas que ponemos a los demás. Si tenemos dudas, preguntemos si quería decir eso u otra cosa y hemos malinterpretado.

Cuidemos las etiquetas que enseñamos a los demás. Si queremos expresar una cosa y vemos que nuestro interlocutor no nos entiende lo que queremos expresar, expliquémoslo.

Cuidemos las etiquetas que nos ponemos a nosotros mismos. Etiquetamos todos nuestros actos y pensamientos diarios y, normalmente, de forma muy poco amable con nosotros mismos: «soy tonta», » siempre me toman el pelo», » es que esto me pasa por gilipollas», etc. Esta manera tan poco agradable de hablarnos, y además, normalmente, tan poco exacta, no hace nada más que dañar nuestra imagen propia, que a su vez, representamos a los demás, que a su vez, y bajo su propio prisma, representa la etiqueta que nos pondrán.

Por tanto, siempre, siempre, siempre, HÁBLATE BONITO. Etiquétate como la única persona de tu vida que estuvo, está y estará al 100% contigo misma siempre y trátate amablemente, con compasión y comprensión.

Y cuando tengas dudas, habla con las personas que te aman: familia, amistades, relaciones. Te harán ver las etiquetas tan maravillosas que tienen para ti.

Feliz día!!!

Deja un comentario

Descubre más desde SOLO UN BILLETE DE IDA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo