Que la vida es muy corta es algo que sabemos todos pero que no tenemos presente en el día a día.
Vale, no es cuestión de estar recordando todo el rato que nos podemos morir a cada paso: nos cae una maceta en la cabeza, me resbalo en la ducha, me atraganto con un hueso de cereza o cualquier forma estúpida de morir (¿os acordáis del programa 1000 maneras de morir? era tronchante pero real). Pero tampoco es cuestión de ir por la vida como si fuéramos eternos. Porque, SPOILER, la vida no es eterna y nos queda menos desde el primer día que nacemos.
Prometo que este no es un post negativo sino todo lo contrario. Es un post donde quiero recordar la maravillosa vida que he tenido hasta ahora y, sobre todo, la maravillosa vida que me espera a partir de ahora. Porque si he sido feliz antes, ahora lo seré mucho más, porque así lo he decidido y aunque no os lo creáis, el primer paso para ser feliz, es decidirlo. Así de simple y así de complicado a la vez.
¿Que a qué viene toda esta exaltación de la vida y la felicidad? Pues a que hoy, esta noche, hace unos minutos, he visto en el Instagram de varias personas que sigo que un chaval de 20 años (2002-2022) ya no está en esta vida y me gusta pensar que ha cruzado el arco iris a lo que haya al otro lado. Y que como de momento no sé si lo que hay al otro lado es mejor (o real) yo, por si acaso, en nombre de este chico y de todas las demás personas que ya no están en esta realidad, muchas muy cercanas a mí y otras muchas menos cercanas pero que igualmente toca el corazoncito cuando te enteras de que se han ido, yo, por si acaso, decía, y en su honor, pienso honrar la vida, mi vida, disfrutando mucho y siendo muy feliz.
Le pese a quién le pese.


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