Solo un billete de ida…a la autoexigencia

Llevo varias semanas con el estrés por las nubes, con sintomatología física y mucho agotamiento mental. Esta semana ha sido decisiva en la decisión de ponerme en mi sitio y priorizarme. No es que no me priorizara antes, pero la vida me sucede, como a todos, y en la vorágine del día a día se me (nos) olvida que yo soy lo más importante para mí. Que si yo no estoy, lo que hago, lo que soy, lo que sé y los que me aman ya no serían igual. Y que por supuesto yo soy lo único imprescindible para mí misma. Que el resto puede, y debe, esperar. Pero como digo, a veces la vida nos arrolla y se nos olvida por un rato…

Enfocarnos, focalizarnos, enraizarnos, buscar nuestro eje, visualizarnos estables, descolgar la mochila…estas son algunas de las frases que usamos en psicología y coaching para hablar de volver a nuestro ser, de recordarnos poner en el foco lo importante: nosotros mismos.

En mi caso mi propia autoexigencia y perfeccionismo me hace caer en períodos de ansiedad de los que cada vez soy más consciente y salgo más rápido. ¡Vamos que me «quema el culo» por salir de esa rueda de hámster!. Y cada vez soy más buena haciéndolo. Pero claro, esto forma parte de mi propia personalidad, aprendizaje, bagaje personal y estilo de vida. Soy una persona perfeccionista que no exige nada a los demás pero que es dura consigo misma a veces. Y aunque me quiero y me cuido, esto a ratos, se puede posponer frente a la demanda de los demás: quiero hacerlo todo tan bien y contentar las demandas de los otros que me dejo la piel, la sangre y el alma en el camino.

Como digo, he aprendido mucho con los años: a veces hasta la veo venir, a la ansiedad, que para mi es como una masa informe pero sonriente con patitas cortas y bracitos cortos que corre a agarrarme y no soltarme nunca (¡eso se cree ella, ja!). Y la veo corriendo hacia mí y yo ya pongo medios para que no me atrape. No corro, la enfrento y le digo que no es el momento. Porque en esa visualización propia de mi ansiedad, el que tenga las patitas cortas no significa que no corra lo suficiente para alcanzarme, significa que yo cada vez pongo más peso en mi mochila de «miedos» y eso consigue que vaya tan despacio que me atrape mi masa-ansiedad. Porque amigas y amigos, la ansiedad está hecha de miedos y por eso es una masa sin forma, porque los miedos se añaden a la masa y crece. Y esa ansiedad pequeñita que había venido a raiz de un pequeño problema que no sabíamos muy bien como responder, comienza a atrapar cada mínima parte de tu vida y comienzas a tener miedo a ir a comprar, a ir al trabajo, a que a tus familiares les ocurra alguna tragedia, a que a tí mismo te ocurra alguna tragedia… y esto no es una exageración, es que la ansiedad es «miedo al miedo» y hace que todo te dé miedo para poder crecer, y crecer y crecer.

Así que estas semanas atrás la he visto, consiguió atraparme unos días haciendo que tuviera palpitaciones, dolor de pecho, dolor de cabeza, insomnio y estrés, irritabilidad y nula concentración. Y lo que en una época se conviertieron en años de ansiedad y un trastorno mental (tuve trastorno de ansiedad generalizada por más de 5 años), hoy puedo decir que duró unos pocos días: ahora sé que me produce ansiedad, ese desencadenante inicial, y cuando la veo venir dando saltitos sonriente a atraparme en sus bracitos, ahora sonrío y soy yo la que le digo: te he querido tanto que no dejaste sitio para otra cosa en mi vida durante años, pero ahora, soy yo la que sonrío y te dejo. Y me doy la vuelta levantando la cara hacia el sol que me baña con sus rayos reparadores y cálidos…

Si esta historia te ha resonado quizá estés pasando por un período parecido, puedes mantener una charla gratuita conmigo y ver si conectamos y ayudarte.

Feliz vida!!

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